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ULTIMO MOMENTO

UN DIA VOLVIO

Este es el Vietto que todo Racing conoce. Lucho metió las dos que tuvo y gritó por primera vez en el torneo.

Luciano Vietto no se había olvidado de jugar. Claro que no. Su crisis era de confianza, de no saber cómo salir de un laberinto que jamás se había presentado en su corta carrera. En los primeros 13 partidos y medio se lo notó desconectado, como una copia pirata de un delantero que llegó a ser cotizado en casi diez millones de euros. 

Pero en el segundo tiempo contra Olimpo, justo después del gol de Zuculini, el delantero ya había mostrado algunos síntomas que ayer terminó de confirmar. Volvió. 

Por su bien, por el de Merlo, por el del equipo principalmente. Lucho gambeteó, tocó, giró y estuvo en donde tienen que estar los goleadores. En el primer tanto aprovechó la peinada del gigante Campi y apareció en el punto del penal a puro instinto: cabezazo bien lejos de Monetti y a gritar el 1-0, su primer gol con todas las letras en este campeonato (el otro, ante Lanús, lo terminaron dando en contra).

Su lenguaje corporal, muchas veces menospreciado en el fútbol, fue totalmente diferente al de los primeros partidos. El cordobés estuvo siempre metido en el juego. Si hasta más de una vez bajó para dar una mano a la línea de volantes... Su segundo gol, entonces, no sorprendió. Cuando Mostaza Merlo pensaba cambiarlo y hasta ya había ido a buscar a Gabriel Hauche, el 9 encontró un centro pasado de Valentín Viola (vital para el crecimiento de Vietto), se tomó tiempo para bajarla y definió bien arriba, casi al ángulo, para tomar aire en un partido que se había puesto chivo por el descuento del Lobo y el tímido arranque de su equipo en el segundo tiempo. 

El entrenador, claro, paró el cambio del Demonio, le explicó a Daulte que no podía sacarlo y le dio unos últimos minutos de disfrute. Su trabajo, claro, ya lo había hecho a la perfección.

El rendimiento de Luciano seguramente lo volverá a acercar a los hinchas, quienes lo habían castigado en los últimos partidos: por su capacidad, al delantero le exigen más que al resto. Pero en el Bosque demostró que cuando está enchufado marca diferencia. 

Las dos más claras que tuvo terminaron en gol y también incrementó su compromiso con el equipo, el ítem que había irritado a parte del Cilindro.

Agea Digital